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| PSEUDOTROPHEUS SOCOLOFI
Cuando vi por primera vez al Ps. socolofi en un comercio, no le presté una especial atención. Se trataba de un grupo de juveniles con los colores sin terminar de definir, es decir de un azul grisáceo, o quizá debería decir mejor de un gris remotamente azulado, de unos 4 cm. Sin embargo, por aquel entonces estaba empeñado en meter algún pez de color azul en un acuario de cíclidos del Malawi, para que sirviera de contraste con el amarillo de los Labidochromis caeruleus y con el color plateado de unos juveniles de Fossorochromis rostratus. Aunque el pez que me apetecía realmente introducir era Cyrtocara moorii, en aquel momento no estaba disponible y me dijeron que tardarían algún tiempo en conseguirme esa especie, por lo que me decidí a probar con los socolofi (en los comercios de Madrid se siguen encontrando habitualmente bajo la antigua denominación de Pindani), a pesar de la mala prensa y las advertencias sobre el comportamiento de los Pseudotropheus. La verdad es que no tardé mucho tiempo en darme cuenta de que, al menos respecto al color, no había cometido ningún error, ya que en cuanto mi trío de socolofi (un macho y dos hembras, claro) creció un poco en mi acuario, su color se volvió de un azul espectacular, sobre todo en el macho, y ejercieron la función de contraste de color perfecto. Además, aunque el comportamiento del socolofi es el típico de los Pseudotropheus, hay que decir que la mayoría de los autores señala que este es uno de los menos territoriales, y por tanto menos agresivos, de los Pseudotropheus. Si bien es cierto que no se trata de un pez tan tranquilo como los caeruleus o los rostratus y, desde luego, mucho más activo y agresivo que la mayoría de los Haplocrominos del Lago Malawi, tampoco hay que exagerar con lo de su mal comportamiento. De todos modos, mi opinión es que no se puede generalizar en exceso con el comportamiento de las especies y que muchas veces es más importante el comportamiento de cada pez en concreto ya que se encuentran verdaderos “malvados” en especies teóricamente poco agresivas y “bonachones” de especies consideradas como muy territoriales y agresivas. Sus
relaciones con el resto de los cíclidos del Malawi son bastante
razonables si estos no tienen colores similares a los suyos, por lo que
es recomendable evitar otros machos de forma corporal parecida y de color
azul. En mi caso concreto las hembras de socolofi ignoran al resto de
los peces del acuario y el macho ignora a todas las hembras del acuario
(excepto las suyas, por supuesto) y puede tener algún conflicto
territorial con los machos, aunque yo no tengo excesivos problemas. De
todos modos, tengo que advertir que mi ausencia de problemas se explica,
probablemente, por la inexistencia de otros peces excesivamente territoriales
en mi acuario, ya que los Fossorochromis rostratus nadan en aguas abiertas
y sobre el substrato no rocoso y los caeruleus son de los Mbunas menos
territoriales que se conocen. Es posible que con otros Pseudotropheus
o con Labeotropheus, o Melanochromis las relaciones sean diferentes a
las descritas. No es recomendable, salvo que el tamaño del acuario sea muy grande y permita disponer de territorios separados, poner más de un macho de esta especie en el acuario y, como se recomienda para el resto de los Mbunas, se deben poner varias hembras por cada macho. Las relaciones de un macho con sus hembras son más agresivas que en los caeruleus ya que las someten a un acoso constante con fines reproductores. Además, al menos en mi caso, las relaciones entre las hembras tampoco son buenas, de modo que ocupan cada una un extremo del acuario, que abandonan muy poco porque en cuanto se ponen a la vista del macho son perseguidas incansablemente. De hecho, he llegado a pensar que la relación sería mejor con tres o más hembras, aunque no me he atrevido a introducir una hembra nueva por el riesgo que podría correr al tener que enfrentarse con ejemplares adultos y en un acuario con territorios ya establecidos. Lo que es evidente es que no sobran los escondites entre rocas para que las hembras puedan protegerse del acoso del macho. Por lo que respecta a las plantas, los Pseudotropheus son más destructivos con ellas que los Labidochromis y además tienen una mucho mayor actividad excavadora. Sin embargo plantas resistentes enraizadas en rocas, como Anubias nana, a mi me funcionan sin problemas. No puedo decir lo mismo de un grupo de Vallisnerias que tenía plantadas en un extremo del acuario alrededor de unas rocas ya que el macho de socolofi decidió que bajo las mismas iba a excavar su cueva y movió unas cantidades impresionantes de arena, dejando el cristal del fondo al descubierto y soltando constantemente las plantas. Durante algunas semanas intenté comprobar lo que ocurría si volvía a colocar la arena y las plantas en su sitio y todas las veces tardaba escasas 24 horas en volver a desmontar todo el decorado. Sin embargo, las plantas que se encuentran alejadas de su zona de excavación no se ven afectadas, porque la actividad excavadora se limita a la zona en la que el macho decide situar “sus dominios”. Las hembras, al menos según mi experiencia, no excavan. El Pseudotropheus socolofi tiene la forma corporal típica de los Mbunas, es decir un cuerpo no demasiado alto y algo rechoncho, de forma algo más cilíndrica que el Pseudotropheus zebra, que tiene el cuerpo algo más alto, y no tan alargada como el Pseudotropheus elongatus. Su color de base es azul y, aunque en la naturaleza hay diferentes variedades de color, lo normal es que muestre una coloración uniforme de un azul muy brillante. En situaciones de estrés o excitación suelen aparecerle sobre el cuerpo unas barras difusas de color azul más oscuro. En la aleta dorsal, en las ventrales y en la anal tiene unas franjas de color negro-azulado similar a las de los L.caeruleus pero mucho menos definidas, sobre todo la de la aleta dorsal. También tienen franjas del mismo color en los bordes de la cola. Todas esas aletas son de color azul, mientras que las pectorales son transparentes. En los machos se observan dos o tres ocelos grandes en el borde de la aleta anal. Las hembras también tienen algún ocelo pero suelen ser más pequeños y en menor número. Las hembras, según la literatura especializada, son similares a los machos, sin embargo mi experiencia es que las hembras adultas suelen ser bastante más pequeñas de tamaño que los machos, su color corporal es un azul menos brillante o más grisáceo, las franjas de azul más oscuro de las aletas se difuminan mucho o incluso desaparecen y los ocelos de la aleta anal (en mi caso cada hembra tiene uno solo) son mucho más pequeños. A pesar de todo, comprando ejemplares juveniles donde todo esto puede ser difícil de distinguir, la mejor forma de diferenciarlos es la comparación de las papilas genitales. La forma de hacerlo es la siguiente: se sujeta el pez con la mano previamente mojada, para evitar dañar el mucus de la piel del pez, y se le da la vuelta. Entre las aletas ventrales y la anal el pez tiene dos orificios. El que está más adelante en el pez es el ano y el que está entre este y la aleta anal es la papila genital. Si el pez es un macho, el ano y la papila genital tendrán un tamaño aproximadamente igual y si es una hembra la papila genital, o sea el orificio más cercano a la aleta anal, será de un tamaño mayor que el ano. De todos modos, esto varía entre las distintas especies, así que es más fácil distinguirlos cuando se tiene cierta experiencia o cuando se dispone de un grupo grande de la misma especie y se pueden observar varios ejemplares. En el lago Malawi se encuentra a esta especie de Pseudotropheus en Mozambique entre Cóbuè y Tumbi Point, es decir en la parte central de la costa este del lago. En esa zona geográfica, se mueve en el hábitat intermedio, en el terreno donde termina la zona rocosa y empieza la de arena. Y a una profundidad de entre 2 y 10 m. Como el resto de los Mbunas, come sobre las algas de las rocas, aunque al hacerlo no se limita a comer algas sino que lo hace también sobre los pequeños invertebrados que viven en ella. Además, y a diferencia de los Mbunas asociados de forma exclusiva a las zonas rocosas, también come sobre la arena. En el acuario la alimentación debe ser fundamentalmente vegetal, papillas de base vegetal (espinaca, guisantes,…), espirulina, y daphnia congelada. Como para el resto de africanos, el tubifex o la larva de mosquito y cualquier alimento con exceso de proteína animal, están completamente contraindicados ya que pueden causar trastornos intestinales. Por su carácter genérico, se recomienda un acuario mínimo de solo 100 litros, aunque seguro se encontrará más cómodo en uno mayor y compartiendo espacio con otros cíclidos del Malawi. La decoración deberá ser la típica para los Mbunas, es decir rocas apiladas formando cuevas y escondites y preferiblemente con una playa de arena en la parte delantera. El acuario puede carecer de plantas, ya que no las hay en el entorno natural del pez, pero respetan parcialmente las Anubias y el Helecho de Java (Microsorum pteropus), sobre todo si se fijan a las rocas. Desenterrarán cualquier planta que se plante en la arena en la zona donde decidan excavar su nido. Como todos los cíclidos de estos lagos, necesita una buena filtración de al menos tres veces el volumen del acuario en el que se encuentran, aunque se trata de un pez muy resistente. Necesita además una buena oxigenación del agua, que se puede lograr por medio de un aireador o con una bomba de agua que mueva la superficie. Por otro lado, mantener adecuada la calidad del agua también es requisito imprescindible y, para ello, nada mejor que un programa de cambios parciales de agua frecuentes que permitan reducir los nitratos. Cambios semanales de entre un 15 y un 30% del volumen total de agua del acuario (dependiendo de factores como población, cantidad de comida aportada, etc.) son una buena forma de evitar las enfermedades, mejorar las tasas de crecimiento de los peces y provocar el desove. Como compañeros de acuario geográfico del Malawi se puede optar por otros Mbunas, aunque es mejor evitar otros peces de su forma corporal y color, y también pueden acompañarle algunos Haplocrominos de los considerados “duros” como Nimbochromis venustus, por ejemplo. Como el resto de los cíclidos del Malawi (con una sola excepción: Tilapia rendalli) son incubadores bucales maternos, es decir que la eclosión de los huevos y la absorción del saco vitelino se produce en el interior de la boca de la madre. El macho incita constantemente a la hembra a la puesta por medio de una serie de movimientos ondulantes y vibraciones rápidas de su cuerpo y aletas, mientras nada a su alrededor con todas las aletas desplegadas, intentando que la hembra le siga al sitio elegido para la puesta. En mi caso, el lugar de la puesta suele ser la base de una roca en donde el macho ha excavado un nido bastante ancho y cuyo fondo suele ser el cristal del acuario. La puesta e incubación se produce de la forma típica de los incubadores bucales del Malawi. Sobre el sustrato, la hembra va depositando los huevos y rápidamente los introduce en su boca. Posteriormente adoptan la típica posición de T, en la cual la hembra acerca su boca a la papila genital del macho que expele su esperma y fertiliza los huevos. Esto se produce repetidamente hasta que se termina la puesta por completo. Una vez terminada, la hembra mantendrá los huevos, y posteriormente las larvas, en su boca durante unos 24 días aproximadamente, a partir de los cuales empezará a dejar salir a los alevines que volverán a la boca de la madre en caso de peligro. Unos días después abandonarán la boca de la madre de forma definitiva. Si se deja que la madre suelte los alevines en el acuario comunitario hay un gran riesgo de que se salven pocos alevines o incluso de que no quede ninguno. Por ello, es recomendable separar a la madre a otro acuario para ella sola antes de que suelte a los alevines. También es posible sacar a los alevines de la boca de la madre “por la fuerza”, de forma que podamos devolver a la madre a su acuario rápidamente para que se recupere del periodo de ayuno. Esta técnica es algo delicada y bastante estresante para le hembra, pero está bastante extendida y ya la he explicado con anterioridad en el artículo sobre Labidochromis caeruleus (). Las puestas normalmente oscilan entre los 10 y los 17 huevos dependiendo, entre otras cosas, del tamaño de la hembra. Mientras está incubando, la hembra deja de comer casi totalmente, aunque yo he observado que come algo. Lo único que sí se nota es que selecciona pedazos de comida mucho más pequeños de lo normal, de forma que seguramente tendrá menos problemas para que pasen entre las larvas. Hay algunos autores que afirman que en este proceso, en los últimos días de incubación, también las larvas comen algo de lo que la madre se mete en la boca. Los alevines miden aproximadamente 11 mm. Al salir su color es gris muy oscuro y a los pocos días empiezan a notarse los tonos azulados aunque el azul brillante de los machos no se obtiene hasta mucho más tarde. No tienen ninguna de las franjas negras, que empiezan a aparecer en algunos ejemplares solo unos días después de su inicio de natación libre. Su alimentación, dado su tamaño, no plantea problemas ya que comen nauplios de artemia, pequeñas dafnias, comida en escamas finamente pulverizada e incluso papilla vegetal si no está compuesta de trozos excesivamente grandes. Después de unas cuantas puestas sin incidencias, me llevé una sorpresa. Algunos de los alevines tenían un extraño color más claro y luminoso. Al crecer los alevines el color parecía ser una mezcla entre azul claro y crema-amarillento a franjas y con las aletas mucho más claras que el resto de los alevines de socolofi. Empecé a sospechar lo que más adelante se confirmó. Había obtenido híbridos de Labidochromis caeruleus y Pseudotropheus socolofi. Yo ni siquiera sabía que pudieran hibridarse especies de distintos géneros, pero tenía la prueba delante de mis ojos. Posteriormente he sabido que ha habido muchos casos de hibridaciones entre cíclidos del Malawi y no solo entre especies del mismo género sino de distintos. Incluso hay quien afirma que es posible hibridar Tropheus del Tanganyika con Pseudotropheus del Malawi. Según Ron Coleman (1999) es frecuente, además, que en una misma puesta las hembras de los cíclidos que incuban en la boca tengan porten huevos fecundados por distintos padres, lo que haría posible la hibridación de solo parte de los alevines que lleva en su boca la hembra. De todos modos, suele decirse que la hibridación se produce con más frecuencia entre especies de parecidas formas y colores (lo cual no ocurre en el caso relatado) y cuando hay machos o hembras de especies distintas que no están emparejados (lo cual tampoco ocurría en mi caso porque el macho de caeruleus tenía a su disposición dos hembras y la hembra de socolofi convivía también en trío con un macho de su especie y otra hembra). Es recomendable, por tanto, tener cuidado con estas especies aparentemente tan cercanas y de las que pueden obtenerse híbridos no deseados. ¿Alguien necesita unos bonitos cíclidos azules?. Si es así, aquí tiene uno de los Mbunas que dan menos problemas, ya que su menor territorialidad supone algo menos de agresividad. Además, no es de los Mbunas caros, se suele encontrar con bastante frecuencia en los comercios (al menos en España) y cría con gran facilidad si se mantienen las condiciones mínimas imprescindibles.
“Back
to Nature Guide to Malawi Cichlids” Ad Konings (1997)
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